Cinco poemas escritos desde la monotonía y el aburrimiento.

1

Digo ser yo el simplista, el chorro,
el alcornoque de cabellos en rulos,
que esconde inteligencia siendo ceporro.
El que se cree sibilino con versos nocturnos.

Escondido en el chándal rosado,
en el féretro cristalino y viscoso,
en la facundia del verso acaramelado
o en la indecorosa prosa del asqueroso.

En parte lo soy, no me lo discuto,
un poco menos vago, menos oscuro,
y entre menos soy, menos disfruto.

Poco sensitivo, soy el metal más duro,
en el lacónico beso, tristeza llevo a tuto.
Aunque digo ser yo… no lo aseguro.

2

Fui niño un día, me escondí fervientemente en un rincón de la cama, ahuyentando al monstruo del armario. Me volví superhéroe y me lancé a los temores más negros, donde descansan los murciélagos y ratones pardos. Me dormí en el regazo de la muerte y desperté en la corona de la vida. Fui niño, puerilmente jugueteé con la tierra y el mar, me enamoré de la risueña señorita y de la maestra floreciente. Fui niño, intenté suicidarme dos veces. La tristeza ahogó en drogas mis pesadumbres, e insomnios me dieron la valentía del pensamiento. Fui niño, y hasta ser grande, no me di cuenta que estoy solo y no puedo confiar en nadie. Tantos cariñosos abrazos y melódicos consejos, cuando el techo cae y rompe mi cráneo, nadie está. Cuando el cadáver me abraza en las madrugadas y su beso petrifica mi frente, nadie está. Estoy solo. Fui niño, moriré siendo adulto insensible. Renaceré como una flor.

3

Hoy primero de mayo
un duende con sus botas
partió el cielo con un rayo
y guardó nubes en su boca
la gravedad nunca existió
los condescendientes músicos
junto a los intransigentes poetas
compusieron: ¡Se murió, se murió,
se ha muerto el místico único;
el ser humano con alma de trompeta!

Lo han enterrado entre saliva,
orines y cartones.
De fondo se escuchan canciones;
canciones con forma de vida.

4

Vos pintaste
el reflejo de la noche.
Cristaliza un pensante,
tirita el rey, llora el fantoche.

Aguanto el pleurer al verte,
los cuerpos caen a tus pies,
el terror sangrando pide que deserte,
el diablo me grita: ¡Hoy vos vencés!

Te alimentás de agonía,
tristeza, tu merienda es muerte.
De vos hasta Dios, de existir acá, abocanaría.

Sólo la sangre logra enardecerte,
sólo el corrupto en vos confía,
¡Qué triste quererte! ¡Qué triste quererte!

5

Ambigua, oscura, decadente, bañada en lágrimas
—de algún cantautor desdichado que ha muerto—
tormentosa pianista, Violinista en tormento,
dejame jugar con los restos de las ánimas.

Recordame, Violinista, —un pobre poeta
que al son del rock ha llamado tu atención—
amaneció en tu boca el sol de la razón
a terminar la melodía que tenés incompleta.

La imprudente beldad que destruye los credos,
deja a la imaginación el sadomasoquismo
que esconde el baile de tus dedos. 

Mandá, Violinista escarlata, al abismo
a estos misántropos bastardos de Romeos,
que niegan la belleza en el altruismo.

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Publicado por Err Aguirre

Estudiante de psicología y poeta, buscando la eudaimonía.

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